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Opinión | 11:41am | | Ana Paredes

Desde marzo del 2012 comenzamos una lucha que aún mantenemos y que los zulianos acompañaron: la eliminación del inoperante chip de gasolina y las corruptelas que esta medida ha generado y que fueron alcahueteadas por el Gobierno nacional y regional.

Tres años tenemos desenmascarando esta medida costosísima de un contrato en dólares que enriqueció a un “enchufadito” del Zulia y que no ha resuelto en nada el contrabando de combustible a la frontera. Peor, sólo ha servido para enriquecer más a la corrupción roja rojita de PDVSA en lo que ha sido un daño patrimonial de más de 24 millardos de bolívares, suma que equivale tres veces el presupuesto anual de la Gobernación del Zulia.

Más grave es aún que las autoridades regionales, incluyendo, mis colegas oficialistas del CLEZ, descartaron todas nuestras denuncias y se indignaron con nuestras propuestas, como por ejemplo, eliminar el chip y colocar un GPS a las gandolas de PDVSA. Incluso, por estas sugerencias me aplicaron un voto de censura en el Parlamento regional.

Y 34 meses después, las pugnas internas en el PSUV desencadenan en esta acusaciones contra gente del clan Ramírez, entonces sí se devela el chanchullo de Gladys Parada, una de las personas que acusé directamente, y ahora está presa por utilizar esas gandolas para contrabandear combustible a Colombia.

Entonces, ¿por qué estas denuncias hechas por mí como diputado en el seno del Consejo Legislativo no fueron atendidas? Gladys Parada firmaba las órdenes de distribución, las gandolas presuntamente suministraban combustible a una estación de PDVSA en la sub región Guajira que tiene ocho años cerrada y eso pasaba con la complicidad de la Guardia Nacional y del Gobernador y por denunciar, fui yo el perseguido.

Ahora sí entiendo por qué había tanta reticencia a aceptar mi propuesta de los GPS: porque se hubiera descubierto ese contrabando que estoy seguro no sólo es responsabilidad de los Parada. Allí hay una complicidad de varios delincuentes rojos que los respaldaron antes de caer en desgracia.

Ahora sí entiendo por qué mis colegas del CLEZ proferían gritos histéricos contra mis sugerencias de seguir esa evidencia de corrupción que les ha explotado en la cara y no porque quieran rectificar ese sórdido rumbo, sino porque en las pugnas de bandas siempre cae algún adversario interno.

Mensualmente mil 842 gandolas de gasolina cruzaban la frontera ante la mirada complaciente del Gobierno regional, estas gandolas cargadas con 38 mil litros de combustible no se pueden meter por las trochas ni por la vía fluvial, pasaban, necesariamente, por la troncal y por los puntos de control de la GNB y hasta el mismo Arias Cárdenas defendió ese entramado de malversación pues se opuso también a mis planteamientos.

A usted señor Arias Cárdenas vuelvo a exigirle como legislador la suspensión inmediata del chip de gasolina. Ya es un hecho que el problema no es el señor de la camioneta Bronco, ni del Caprice, ni la chalana, ni la señora que lleva la pimpina. Son las gandolas de PDVSA que pasan impunemente y que ustedes no quieren poner bajo la lupa a través de GPS ni controles de los organismos de seguridad y resguardo de la frontera. Todavía está a tiempo para parar esta corrupción pues los Parada no pueden haber sido los únicos.

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