Impreso
Quedó sin vida sobre el asiento en el que tanto tiempo trabajó

Sucesos | 4:21pm | | Yliana Brett

Todos los días la víctima salía de su casa a primeras horas de la mañana en busca de algún cliente. Foto: Marian Bracho

Todos los días la víctima salía de su casa a primeras horas de la mañana en busca de algún cliente. Foto: Marian Bracho

REDACCIÓN ELINFORMADOR/Jaiglenis Guédez Castillo.-Treinta años de su vida había dedicado Arcángel Ramón Romero (65) al oficio de taxista. Pese a que estaba acostumbrado a lidiar con todo tipo de cliente las calles inseguras de la ciudad lo habían obligado a trabajar con aquellos de confianza, guardando un espacito de su tiempo para el que lo necesitara.

La mañana de ayer no fue la excepción. Bien ‘tempranito’ atravesó la puerta de su casa en la Carucieña y se puso al frente del volante de su carro marca Toyota, modelo Corolla, de color marrón. Iría a la calle 60 con carrera 13A, oeste de la ciudad a buscar a unas señoras que desde hace algún tiempo eran sus clientas fijas.

Eran las 6:00 de la mañana, apenas el día comenzaba, el tráfico era fluido y en cuestión de algunos minutos ya estaba frente a la casa de dos pisos color blanco. “Ya vamos a salir”, habrían sido las palabras que se escucharon de una de las mujeres que esperaban el servicio, ante el ‘cornetazo’ del señor Arcángel. Tardía que posiblemente aprovecharon los sujetos quienes cual ‘zamuros’, corrieron hasta aquel carro del cual colgaba un letrero blanco con la palabra ‘Taxi’. Al parecer la única finalidad de los desconocidos era despojar del carro al sexagenario bajo cualquier circunstancia y para ello lo apuntaron con un arma de fuego. Se presume que él se negó a la petición por lo que recibió un disparo en el hombro. Al verlo ensangrentado los homicidas huyeron del lugar. Arcángel agonizó por unos minutos, cuando algunas personas se acercaron para auxiliarlo ya no había nada que hacer, su corazón se había paralizado.

De lo ocurrido sus familiares fueron avisados. Entre los primeros que se acercaron al sitio del crimen estaba José Romero, su hijo de 15 años. Notoriamente afligido contó que su padre estaba adscrito a una línea de taxi ubicada en la calle 60, con avenida Fuerzas Armadas. Relató que en otras ocasiones le habían intentado quitar su carro por lo que trataba de cuidarse.

Simultáneo al trabajo del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas, División Homicidios, decenas de niños iban llegando de manos de sus padres a la escuela San Ignacio de Loyola, situada frente al lugar donde quedó estacionado el carro, en cuyo interior quedó tendido en el asiento del conductor el cadáver de la víctima.

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