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Opinión | 12:01pm | | Ana Paredes

El régimen y sus poderes subalternos siguen dando muestras de miedo ante la inminente derrota que sufrirán este 6D. Están dando palos de ciego a una piñata de la que se quieren hacer dueños, sabiendo que al romperla se encontrarán con la evidencia del respaldo de millones de venezolanos que creen en una esperanza de cambio.

El PSUV ha utilizado para ello todos los poderes que deberían participar independientemente en el ordenamiento moral y legal de un país como instrumento de su partido. Nadie puede negar que la Fiscalía General de la República, la Defensoría del Pueblo, la Asamblea Nacional, el CNE y la Contraloría General de la República se han convertido en la herramienta de represión para la disidencia política en el país.

El encarcelamiento y la persecución que estos poderes han emprendido en contra de líderes de la oposición es obsceno. Desde los más desprevenidos hasta los tercos defensores del proceso destructivo revolucionario no han podido justificar la vendetta política emprendida contra todo aquel que en la oposición tenga un liderazgo.

En baja voz, casi con vergüenza, atinan a desviar el tema en privado porque saben que el régimen no tiene argumentos para tener preso por ejemplo a Leopoldo ni a Ceballos ni a Ledezma quien aún continúa detenido en su casa con sus derechos violentados.

Hoy nuevamente la emprenden contra una mujer cuya valía moral y profesional no está en duda: María Corina Machado. Primero fue injustamente defenestrada de su investidura como diputada de la Asamblea. Ahora ha sido inhabilitada políticamente por espacio de un año por parte de la Contraloría General de la República.

Con esta desesperada maniobra de descalificación el régimen sólo da muestras de un inmenso culillo electoral porque avizoran una derrota insalvable para los venideros comicios a la AN. Las encuestas son un dolor de cabeza constante para los nerviosos dirigentes del PSUV que ven extinguir cada día más su popularidad porque ya el desastre es demasiado evidente.

La crisis económica que cada día abofetea los mofletudos rostros de la dirigencia madurista ha activado las alarmas rojas que ven su “Titanic” político hundirse en las aguas del desastre. El dólar ha alcanzado niveles astronómicos. No hay alimentos en los anaqueles y el pueblo tiene que hacer colas con la esperanza de tener la suerte de comprar algún alimento o artículo de urgente necesidad. El bachaqueo se ha convertido en una forma de trabajo, o más bien de sobrevivencia económica para algunas familias. Se suma a esto el desempleo, la inflación, la expropiación de empresas y cientos de males que ha liberado de la Caja de Pandora de este régimen y cuya responsabilidad no pueden ocultar con la cansona prédica de la guerra económica.

Pero el verdadero armagedón de este gobierno que ya ve venir su epílogo político es la inseguridad. Cientos de miles de venezolanos han sido víctimas del hampa dueña de un  arsenal incluso de alto calibre de dudosa procedencia. Según la ONG Foro Penal Venezolano para el cierre del 2013 iban más de 200 mil asesinatos en el país. Ya nuestros compatriotas no se sienten seguros en sus casas, en su país y muchos incluso están emigrando por miedo a morir víctimas de la delincuencia.

Todo lo que he expuesto y mucho más está plasmado en encuestas que el régimen lee y analiza. Que Maduro y sus allegados revisan una y otra vez, incluyendo su mano derecha en el Zulia Arias Cárdenas quien ha permitido que se gesten zonas donde dominan los cobravacunas y hasta guerrilleros. Estas cifras son los que tienen desesperado al desgobierno y de allí la persecución política injusta contra sus adversarios.

Pero poco falta para recuperar el país. Desde la AN, una vez que el país que quiere cambió le dé un triunfo contundente a la unidad, se erigirán las bases para un nuevo país. Un nuevo futuro y una Mejor Venezuela.

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