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Opinión | 12:25pm | | Yliana Brett

  • El gobierno de Maduro está paralizado, prácticamente en estado de pánico frente a la creciente crisis económica y de manos atadas por el llamado legado del comandante eterno, que le impide al Presidente tomar las medidas realistas y duras que debe tomar para tratar de sacar la economía hacia adelante. La última recomendación la señaló Rodrigo Cabezas sobre la necesidad de simplificar las medidas cambiarias. Ciertamente ninguna economía puede funcionar con cuatro tipos de cambio como existen hoy en Venezuela. Maduro reza por un rebote en los precios petroleros que no se vislumbra en el corto plazo y tiene en frente unas elecciones parlamentarias que definitivamente perdería el Gobierno si se hacen los ajustes que reconocen hay que hacer todos los economistas sensatos, incluso muchos de quienes están hoy dentro de las filas del PSUV.
  • Testimonios como el siguiente encuentra Custodio todos los días en la página chavista Aporrea en Internet: “Pero si tu eres periodis- ta, porque no le escribes a Maduro que los vendedores pequeños de repuestos no somos culpables de nada. ¿Tú crees que yo no sé que es un atraco vender una bujía a dos mil bolívares? Y ¿qué c… hago si el poderoso, que es el importador, me la vende en 1.800? ¿Quién me paga el alquiler, los impuestos y los empleados? Ahí yo tengo gente que tiene 20 años conmigo, les cargué a los hijos que ya están en la universidad. Ahora que son unos viejos, igual que yo, ¿cómo les digo que los tengo que botar?, pero estoy cerca de cerrar, porque no sólo no tengo mercancía, sino que me descapitalicé, porque lo que vendí con dólar a 150, ahora lo pagué con dólar a 500. Estoy abriendo medio día para no cerrar definitivamente”. Ésta es la dura realidad económica del país que cada día hace más pobres a los venezolanos.
  • Señalan a Custodio que en la bodega “Maiket”, ubicada en el barrio El Coriano 2 en el oeste de Barquisimeto, venden productos con sobreprecio, lo cual ha sido denunciado por los pobladores ante la Sundde, sin que ocu- rra nada, pues comentan que quienes administran este local “engrasan” a los funcionarios que se han acercado por allí. Es el viejo vicio del soborno y la corrupción que golpea cada vez más los bolsillos de los larenses.

 

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