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Román Lozinski: “Felicidad es el abrazo de buenos días”

Actualidad | 11:30am | | Maria Fernanda Torres

Karla Casique C. / @casiquek

Fotos: Gustavo Pacheco / @gustavofpacheco

Frente al micrófono, Román Lozinski es un periodista que trata la información con responsabilidad. Lo evidencia, cada tarde, en su programa homónimo transmitido por el Circuito Éxitos, de Unión Radio. Allí, deja al descubierto su gusto por The Beatles, Soda Stereo y Calamaro, los “discos infantiles” que escucha como papá de las morochas Isabella y Sofía.

Esta faceta es una de las que el comunicador maneja con más reserva: ser padre. Un rol que desde el 6 de mayo de 2011 comparte con su esposa, Anna Vaccarella, además, de una convicción en la crianza de sus hijas: dejar que cada una de ellas desarrolle su personalidad.

Y eso implica que las niñas tengan sus propias referencias musicales –distintas a las de papá- como el tema de la película Zootopia, ‘Try everything’, hasta las letras de la serie juvenil Violetta. “Ahí me debo esmerar para que les guste la buena música”, explica con gracia quien fuera ancla del noticiero estelar de Globovisión, hasta hace tres años.

Más allá de intuir una influencia del periodismo en su hogar, el ser papá ha alimentado su desempeño profesional. Ahora tiene mayor sensibilidad social y los temas de paternidad responsable están en sus entrevistas: “Los hijos le dan una dimensión completamente nueva a la vida y eso incluye el área profesional y laboral”.

ROMÁN LOZINSKY (6)

 

En casa, puertas adentro, Román es interacción total. Cariñoso y a la vez, firme. Con la ausencia de su esposa (mientras estuvo en tratamiento hace un par de meses en Nueva York, a raíz de un transplante de médula ósea), él se valió de alarmas para marcar tiempos de despertar, desayunar, cepillarse y salir de casa en la mañana. Jornada que hacían desde antes.

Incluso para dormir, él logró que ambas se fueran a la cama, a las 8:30 p.m. de una forma sencilla: llegaban a casa, jugaban, cenaban juntos, las cambiaba, se cepillaban y hasta las 8:15 p.m. veían su canal favorito: “A esa hora colocaba un partido de fútbol o una serie de algún canal como History Channel o Discovery… ¡Y listo!”.

 

-¿Qué tipo de padre se considera usted?

Entregado, amoroso. También firme, aunque parezca una contradicción. Pero sí se puede ser un ejemplo de autoridad, aún siendo el más ‘chocho’ padre.

-¿Cómo es la personalidad de sus hijas?

Son muy distintas en todo sentido. Bromeo diciendo que a veces no parecen ni hermanas (exagero). Es complicado hacer esa ponderación porque en casa no hacemos comparaciones ni juicios de valor. Dejamos que cada una desarrolle su personalidad. No quiero yo calificarlas ahora, echando al traste cinco años de esmero en permitirles un desarrollo libre.

-¿Cuáles son las claves de una buena comunicación con las morochas?

Un buen balance entre cantidad y calidad. Hablamos mucho. ¡Muchísimo! Sin embargo, a veces es mejor responder a algunos asuntos con otra pregunta y dejar que sean ellas quienes exterioricen sus fantasías. Se les da la información necesaria y en los términos que la puedan comprender.

-¿Cómo son los llamados de atención de papá Román?

Una mirada generalmente basta. Cualquiera diría que luego de la mirada viene algo más, pero no. (Risas). En los niños hay un efecto probado que es contar, por ejemplo, del uno al diez: les pone en auto y es algo que no sabes de qué manera se activa, pero existe, es real, y funciona.

-Si resumiera su labor de padre a un titular, ¿cuál sería?

En México, “Padrazo”. Sin que me quede nada por dentro, modestia aparte.

-¿Cuáles son sus temores como padre?

Fallar. No estar cuando me necesiten. Cometer los mismos errores que mis padres. Todos vamos a cometer algunos, pero quisieras que no se repitieran los que tú ya identificaste como hijo.

-A raíz de la condición de Anna, ¿qué aprendizaje como padre y esposo le ha dado esta experiencia?

Ya éramos muy unidos las morochas y yo. Todo lo que hice en la ausencia de Anna, ya lo hacía yo como padre. Eso ayudó mucho porque no era un papá nuevo asumiendo roles de mamá, simplemente, era el papá de siempre sin mamá en casa. Eso nos unió muchísimo más. La complicidad elevada a la máxima potencia. Con ellas viajé en carro, en avión, visitamos familia, fuimos a parques, lo hicimos todo y en paz, en armonía y alegría.

-¿Cómo maneja el hecho de ser una figura pública y que su vida familiar no se vea afectada por el medio?   

Somos muy recatados. Hogareños. Un ejemplo son mis redes sociales, son para el trabajo, para mi profesión. No verán contenido familiar, sí puede haber asuntos personales, pero no familiares. Incluso por razones de seguridad.

-¿Cuál es la fórmula para llevar simultáneamente la vocación de comunicar y compartir tiempo de calidad con su familia?

Es a ratos muy difícil, porque la verdad es que adoro estar en casa, pero también adoro mi trabajo. Poner límites, decir que no, es algo que me ha costado hacer, pero va saliendo. Ellas sin duda son la prioridad, pero también es cierto que mi tranquilidad también reposa en el trabajo bien cumplido. Los días parecen más cortos, por lo que se impone administrar mejor el tiempo en cantidad y, sin duda, en calidad.

– ¿Cuál es su sueño de felicidad?

Felicidad es el abrazo de buenos días. Felicidad es su beso antes de bajarse del carro en el colegio. Felicidad es su sonrisa al irlas a buscar. Felicidad es cuando papá puede resolver algo y queda como superhéroe. Felicidad son ellas.

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“La familia es el refugio, es la protección, es el cobijo, es la seguridad, es el ámbito en el que todo se resuelve, en el que todo fluye, en el que todos tenemos el mismo peso”. Román Lozinski.

Pura complicidad

-¿Cuál es el plato preferido de sus hijas?

Panquecas y/o arepas para desayuno y/o cenas.

-Un libro infantil que recomiende

El Principito es para todos, al final “lo esencial es invisible ante los ojos”.

– Un juego que comparta con las morochas

Lego sin duda el que más disfrutamos juntos. Luego: memoria, rompecabezas, una pelota y el contenido de las tabletas.

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