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“La vida es un milagro, por donde la veas”

Actualidad | 10:58am | | Ana Paredes

KARLA CASIQUE.- Carlos Fraga no se agobia con los problemas; al contrario, es de buscar las soluciones. Pero como cualquier ser humano tiene sus días y, en algunos de ellos, le cuesta levantarse de su cama. El simple hecho de saber que hay un público que le espera cada mañana para escuchar sus consejos en el programa La vida es hoy, de Televen, le motiva a salir de sus sábanas, darse una ducha e ir a la calle para enfrentar el mundo.

¿Qué si le afecta la situación país? Sí, como a cualquier otro venezolano y lo reconoce con honestidad. Sin embargo, él sigue apostando por seguir en su nación y haciendo lo que mejor sabe: cultivar la inteligencia emocional de las personas que le siguen desde hace unas dos décadas, bien sea por televisión o las mismas redes sociales que le han permitido mayor acercamiento con la gente.

Y vaya que el también comunicador social egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), tiene mucho qué ofrecer como conferencista y orientador. No sólo es de quienes habla con la verdad, por más dura que sea, si que ofrece una perspectiva distinta a cada acontecimiento de la vida: “Lo que nos sucede cada día son movimientos agradables y desagradables; nunca positivos, ni negativos; eso hay que entenderlo y aceptarlo”.

Fraga, que este 11 de agosto vuelve a las tablas con su monólogo Hombres, mujeres. Sexo sin guerra, es conversador y se toma su tiempo para responder cada pregunta; aún cuando está a minutos de cumplir un compromiso en Barquisimeto, explica cada situación con vehemencia y sólo hace pausas para sincerarse con su interlocutor. Realmente, es su personalidad cautivante y rebelde pensamiento, el que impone su presencia más allá de la cabellera plateada que le caracteriza a distancia.

CARLOS FRAGA 2

-¿Cómo ser resiliente sin caer en el conformismo?

Es muy sencillo: primero hay que romper los mitos de qué es la actitud positiva. Pareciera que es un “no sentir”, meterse en una burbuja y no ver a los lados;  eso no tiene nada que ver. Para mí, se trata de dos cosas fundamentales: la posibilidad de conectarme con aquello que sí puedo cambiar y saber que la realidad siempre viene en paralelo, con una cantidad de cosas.

-¿De qué manera se identifica lo que podemos cambiar?

Por ejemplo, la inseguridad nos aterra a todos y tengo que plantearme qué puedo hacer ante ello. Ese es mi plan fundamental: yo no puedo hacer nada porque no soy policía, militar, delincuente, ni ministro. Lo que sí puedo hacer es estar más prevenido y bajo perfil. Eso no implica que yo no castigue, ni fustigue a la hora de votar. Eso hace que yo no me conecte.

– Ni más, ni menos…

¡Así de claro! Si yo me siento a escucharte que te acaban de asaltar en la esquina y cuando termino la conversación termino pensando que soy la próxima persona, sólo estoy creando una víctima.

-¿Cuál es la diferencia entre aceptación y resignación?

Hay una diferencia profunda: la aceptación es saber lo que está pasando, pero también saber que viene una cosa nueva y maravillosa. La resignación, no. Esto lo digo partiendo desde la fe, no desde la que nos enseñó Santo Tomas de Aquino, “ver para creer”, sino la de “creer para ver”.

-¿Hasta dónde nos puede llevar la autoexigencia?

Nos puede llevar a cosas terribles. Lo único que ha creado el siglo XX es a sentirnos profundamente tristes y a tener una visión sin sentido, porque nosotros fuimos criados bajo la idea más perversa: ser el número uno. La autoexigencia: una cosa es que ames la calidad y trabajes por ella; otra, que eso te lleve a romper contigo, con tu amor y pases por encima de ti.

-¿Esto podría cambiar en pleno siglo XXI?

Sí. En  realidad, todo eso está cambiando y por ello vienen los niños autistas a demostrar nuevas formas de comunicación, niveles de amor y que obligan a sus generaciones paternofiliales a establecer nuevos nexos. Porque el hecho de que venga con un grado de autismo, y amén de su llegada porque es un niño valioso, viene a exigirte una nueva manera de comunicarte con él. Y eso es una forma de reinventarse completamente. La vida es un milagro por dónde lo veas, así no lo entendamos. Eso es otro problema.

-¿Somos egoístas al ahogarnos en nuestras propias necesidades?

Así es. Si nos criaron para ser el número uno, estamos dando frazadas de ahogado para una supervivencia que no hemos entendido de qué se trata. Por eso toman vigencia las palabras de Winston Churchill, que hace 60 años decía: “El problema de los hombres es que están más empeñados en ser importantes y famosos, que útiles”.

CARLOS FRAGA- AGENCIA

-¿Cuál es la clave de esta utilidad?

Yo creo que la utilidad está en cómo funcionar distinto, porque la expresión de la inutilidad y ser el número uno es el bachaqueo; es una forma delictiva sin armamento y de la peor calaña. Eso no quiere decir que los bachaqueros sean de clase baja, porque yo conozco esposas de grandes empresarios que llegan en sus camionetotas a jugar con el hambre de la gente. Por ello estamos hablando del mensaje social muy claro: te levantas para ser el número uno, pero también para serlo dentro de la crisis. Y sí, hablamos de una crisis de transición, donde los principios tienen que verse de frente para ser conscientes.*

“Yo siempre le digo a la gente que la vida son movimientos del alma, agradables o desagradables. Cuando se muere un ser amado es un movimiento desagradable, pero no negativo, porque ese ser tiene su propia evolución. Socialmente estamos en un momento desagradable, porque estamos viendo mucha desidia y deterioro, pero no es un momento malo”. Carlos Fraga.CARLOS FRAGA 1

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