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Opinión | 3:36pm | | Ana Paredes

Me persigue un abatimiento inaudito desde cada rincón de la casa. Soy un sonámbulo extenuado, a quien le llegan tus recuerdos como telegramas antiguos. Ansioso estoy por esos paisajes glamorosos de nostalgias imperturbables. Me sumerjo en momentos inolvidables bautizados de sonrisas, pero a su vez de muecas de disgusto. Hasta esa última Navidad, no me arropó de imprevisto la penumbra. No nos sorprendió esa bocanada de pánico y desaliento, a pesar de todas las desafortunadas situaciones que vivimos, en la efervescencia de nuestras contrariedades.
Reconozco mis reproches continuos del pasado. Me desgañitaba en malos conceptos de nuestra incomprendida relación, atosigada de discusiones extremas y perturbaciones cotidianas. Esas expresiones febriles, inquietantes y golpeadas por artificios, por el engaño de promesas burladas, hicieron mella y dejaron un espacio funesto para el futuro. Vociferaba seguido y mis gritos impropios, con argumentos herméticos, dejaban asombrados a quienes estaban cerca de nosotros, pues perdía la compostura en el centro peculiar de mis alaridos.
En estas líneas humedecidas por la ingenuidad del poco entendimiento sobre el porvenir, me saltan los adjetivos, haciendo raro compás con mis turbaciones. Tu abandono me dejó ofuscado, taciturno y con el mal sabor de un presagio doloroso. Vivimos un sórdido camino de dificultades. Debo entonces reconocer que te extraño. Todas estas sensaciones eran imprevisibles, pues sentía que no se podía estar peor. Pero ahora me atacan sueños recurrentes por añorarte con desesperación. Estoy casi a gatas, viéndome en espejos estropeados, con un andar deplorable, cabizbajo, culpable y desolado, encerrado en mi cautiverio de evocaciones y remembranzas.
Me habían dicho que esto podía suceder, que te extrañaría en demasía. Hice caso omiso al vaticinio y ahora pago por esta ráfaga de consternación, con el corazón en un hilo y sin entender cómo un ayer complicado puede ser mejor que un presente inconcebible.
Sí, te añoro año 2015. Esta carta es para ti. Tu economía arribó al 300 por ciento de inflación y los productos primordiales eran batallados en colas desmesuradas. Pero quien te sustituyó, este insolente 2016, tiene la solidez del desmedido y ya apuntala los índices inflacionarios en 700%. A la economía le inventaron más de una docena de motores que nunca contaron con mecánicos expertos. Los bolsillos reprendidos por los costos de insumos insalvables, son la expresión directa de la delgadez de nuestros ciudadanos, quienes perdieron la corpulencia y ahora muestran comúnmente la facha de una pobreza compartida y desmedida. Hasta la OEA despertó de su letargo y expresa un vago interés por recomponer una democracia que ya ni existe.
Lo dijo sin mesura Luis Vicente León: “Vamos a extrañar el 2015 como un año de abundancia”, previendo las precariedades económicas en el fragor de la diatriba política.
Ciertamente 2015, contenías 12 meses castigadores y rigurosos, pero nos subió el aliento cuando nuestras inquietudes nos regalaron una mayoría abrumadora en el parlamento. Pero hoy, en este año lleno de pretextos, es rechazado con mil argucias el intento de expresarnos en un revocatorio y hasta nuestro riego país, el mayor del mundo, cuadriplica a la nación que nos sigue.
Esta humilde esquela no es para que retornes a nuestra relación, ni continúes con tus retorcidos esquemas o desempolves tus particulares desencantos, sino para que me hagas la segunda y le insinúes al 2017, la necesidad de concordia, prosperidad y principios, expulsando al infortunio, para erigir a nuestros días ordinarios en un nuevo país para todos los venezolanos.

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