Impreso
Los expertos advierten de la difusión del código usado en el ciberataque

Tecnología | 5:50pm | | Andrés Araya

REDACCIÓNELINFORMADOR.COM.VE.- El sector de la ciberseguridad llevaba tiempo advirtiendo de la necesidad de usar mejores medidas con el Internet de las Cosas. Este viernes, cuando varios ciberataques masivos inutilizaron durante horas las web de grandes compañías, se constataron sus preocupaciones. Una red formada por routers, webcams, televisiones inteligentes e incluso cámaras de vigilancia, parecen estar detrás de los ataques contra DYN, un servidor de nombres de dominio, que afecto a algunos de sus clientes, como Twitter, Paypal, Netflix, Amazon y Spotify y a algunas que ni siquiera están dentro de DYN. Los atacantes buscaban el colapso de la infraestructura de la red. Tanto el FBI como el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos tratan de dar ahora con el origen del ataque. Mientras, los expertos alertan de la falta de seguridad de estos dispositivos cotidianos conectados a Internet y advierten de la liberación del código que se usó en los ciberataques; algo que permitiría replicarlos.
Mirai, una red de botnets, un conjunto de aparatos infectados cuyo acceso remoto es vulnerable, es la clave que los expertos manejan en este caso. Salvador Mendoza, un reconocido experto en seguridad de origen mexicano y radicado en California, explica la técnica usada: “Mirai es un malware. Un código dañino diseñado para atacar dispositivos IoT (Internet de las Cosas). Una amalgama de routers, webcams, televisiones inteligentes, cámaras de vigilancia e incluso cafeteras con conexión a Internet. Este tipo de dispositivos son los más vulnerables porque generalmente nunca se actualizan, tienen puertos abiertos y su firmware se vuelve obsoleto y también vulnerable. Lo que hace Mirai es crear una botnet o red de zombies que se controlan remotamente para hacer peticiones a un servicio en específico en Internet; son tantas las peticiones simultáneamente que puede hacer el botnet que el servidor no tiene manera de atender a todas estas y comienza a tener retraso de respuesta y después puede colapsar. Existen tantos dispositivos IoT infectados que incluso el mismo dueño del dispositivo puede que no se haya dado cuenta de que ha sido infectado y está siendo utilizado para realizar un ataque masivo. Es por ello que es muy difícil rastrear al verdadero atacante”.

Pablo Barrera Guzmán, guatemalteco fundador y consejero delegado de Pakal, considera que el mayor problema está en la facilidad para replicar estas acciones maliciosas: “El código fuente del malware fue liberado y está a la vista de cualquier persona para ser utilizado o modificado”. Este experto acusa a las empresas fabricantes de abandonar su software: “El sistema operativo de esos dispositivos no dispone de actualizaciones tan frecuentes como sucede con nuestros portátiles o PC de escritorio. Y las empresas que los fabrican generalmente se dedican a sanar errores de funcionamiento dejando a un lado los de seguridad”. Barrera incluso denuncia que se hayan publicado y puesto a disposición de cualquiera las herramientas para replicar el ataque.

Falta de control sobre el Internet de las cosas

La entidad e impacto de la ciberagresión abre el debate sobre la ausencia de control del Internet de las Cosas. Tanto Jaime Blasco, director de los laboratorios de Alienvault, como Marc Goodman, autor y asesor de fuerzas de seguridad, han alertado sobre las debilidades de este nuevo entorno de objetos controlados. Goodman dejó claro que cuantos más objetos, más puntos de acceso: “Un termostato, una alarma, un frigorífico se convierten en ordenadores, en puntos vulnerables”. Blasco, en cambio, considera que en los últimos años se han empezado a tomar medidas para que los nuevos cacharros integrados en sistemas online tengan nuevos protocolos y no se hackeen con facilidad. Apple, cuya costumbre es crear sus propios protocolos, no está dentro del estándar que ha hecho posible el ataque.

Barrera apunta a que la medida más inmediata será actualizar en remoto los aparatos infectados. Algo complicado en principio, dada la dispersión de los mismos. También la renovación de los mismos, es decir, inversión que recae en los bolsillos del consumidor. De fondo, queda el debate de promover un hacking ético, cómo se denomina a las buenas prácticas cuando se encuentran errores.

Uno de los retos en esta comunidad es conseguir que se reporten las brechas a afectados. Muchas empresas son conocidas, como Google y Facebook y últimamente Apple, por pagar recompensas a los que avisan de fallos. El problema es que suelen ser cantidades inferiores a lo que se paga en el mercado negro del Internet profundo (deep web) y, en muchos casos, lo que se busca es reconocimiento y prestigio dentro de los pares.

 

El País 

Instagram