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Devotos entregan sus dolencias a su Patrona para que los alivie

REDACCIÓNELINFORMADOR.COM.VE.- Giovanny José Durán

Con la fe puesta en la Madre de Dios la feligresía sigue acudiendo a la Iglesia Santa Rosa de Lima para hacer sus peticiones. Ayer, algunas de éstas se dejaron escuchar y muchas coincidían en el clamor por la sanación de enfermedades que los aquejan. En manos de La Pastora fueron puestas las dolencias para que sean sanadas.

En sillas de ruedas, bastones, muletas, incluso, sostenidos en los brazos de sus familiares, caminando poco a poco, se veían llegar muchos devotos de la Divina Pastora durante este martes a la Iglesia Santa Rosa de Lima.
Una de ellas era la señora Doris Juárez, quien entró a la Iglesia en silla de ruedas conducida por su hijo Andrés y a su lado lo acompañaba otra familiar, Mayerly Juárez. Poco a poco Doris comenzó a padecer de una parálisis en sus piernas que le imposibilitó seguir caminando pero eso no es impedimento. Ayer, al pie de la imagen de la Divina Pastora levantó su cabeza por un rato clamando, quizás pidiendo por su salud y la de sus familiares. “Todos los años venimos a Santa Rosa y acompañamos a la Virgen cuando sale en procesión. Eso no los inculcó mi abuela y mi mamá y hoy también vengo a seguir pidiendo por su salud porque sufrió de cáncer. Le pedí para que sanara y me concedió el milagro. Ahora cumplo”, dijo Mayerly.


A elevarle oraciones también llegó Argelia Rojas quien dijo que todos los días le pide a Dios y a la Divina Pastora porque mantenga a los suyos con salud. Relató que en su casa tiene 75 imágenes de la Pastora por lo que su casa está más que cobijada por la Patrona. “Es mucho más que eso. Yo hablo con ella y te cuento que la escuché decir que está muy contenta por el vestido que le colocaron porque es sencillo y agradable”, comentó. No tengo ninguna enfermedad, manifestó, pero aseguró acudir a la Iglesia para pedir salud para todos y tranquilidad para el país. Es más que una tradición venir a ver a la Madre de Dios, agregó visiblemente contenta.
Recostados a uno de los pilares de la Iglesia estaba María Martínez, de 81 años, y su esposo José Torrealba, de 85. No ha sido fácil para ellos, pues la diabetes y artritis los ha golpeado pero aún sienten el ánimo de pedirle a la Divina Pastora sanación. “Yo la caminaba y siempre he tenido fe en ella. Después que comencé a padecer de dolores en las piernas me ha costado mucho. Pero me decidí y vine porque siento la necesidad de pedirle y seguir orando para que nos mantenga con vida”, contó la señora María. La nieta, Ismar Peña, es testigo fiel de la devoción que sienten por la Pastora y compartió su testimonio diciendo que llevó a los abuelos porque se lo pidieron. “Mi abuelo amaneció muy bien y dijo que quería ir a Santa Rosa y aquí está”, comentó la muchacha quien se unió al clamor de los patriarcas por la salud y sanación de ellos. Los rostros de llanto no se hicieron esperar.

 

 

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