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#Secretos “Cuando papá regresaba  de la cárcel, todos llorábamos”

Actualidad | 5:22pm | | Andrés Araya

REDACCIÓNELINFORMADOR.COM.VE.- Yamilet Herrera Dudamel

Como “en casa de herrero, cuchillo de palo”, Reinaldo Gómez, siendo periodista, se abstiene de aparecer como protagonista de la información, pero esta vez era inevitable. Él vivió y sufrió la dictadura y la caída de esta, que marcó el inicio de la democracia en Venezuela. Hoy tiene 74 años y los recuerdos frescos, como si fuese ayer.

-¿Quién fue Juan Evangelista Gómez?
-Mi papá, un hombre muy humilde, muy modesto, apenas llegó a primer grado no aprobado, pero como la primaria era muy exigente, con 10 meses que estuvo en clases aprendió a leer, escribir, sumar y multiplicar. A los 8 años, su papá -que era un generalote de esos “Chopo de piedra”- dijo que ya había aprendido mucho y que ¡a trabajar!

-¿Qué es “Chopo de piedra”?
-De esos militares que se hacían a la montonera, se ascendían entre ellos y mandaban “a la machimberra”. Trató a mi papá como soldado, no como hijo, lo tenía prácticamente de esclavo.

-¿Qué hizo con él?
-Lo llevó a unas haciendas en Paso Real, cerca de Cubiro, a arrear ganado, le pagaba como que un real diario. Creció en ese ambiente, una vida de mucha carga para un niño, de muchos sufrimientos. Uno de sus hermanos murió pequeño y tuvieron que velarlo en el suelo porque ese generalote no le dio ni para una urna, hasta que alguien se la donó y pudieron enterrarlo.

-¿Esa fue su primera dictadura?
-Pudiera ser. Poco a poco, al tener 14-15 años, junto con otros tres hermanos mayores, decidió romper con eso. Se vinieron a Barquisimeto donde recibieron apoyo de unos primos, se independizaron, empezaron a vender verduras, establecieron sus bodegas e hicieron sus hogares. Mi papá llegó a ser presidente de la Asociación de Comerciantes Detallistas, por allá en los años 40.

-¿Allí empezó a perfilarse su liderazgo?
-De alguna manera. Sus inquietudes comenzaron a raíz de la muerte de Juan Vicente Gómez; López Contreras dio un respiro aunque no fue un régimen tan democrático; surgieron ciertos partidos no legalizados y ahí mi papá se vinculó con la gente del Partido Democrático Nacional (PDN), que fue la génesis de Acción Democrática (AD). Los líderes eran Jóvito Villalba y Rómulo Betancourt. Luego ambos se distanciaron y Rómulo fundó AD.

-¿Por qué no legalizados?
-Había el famoso inciso sexto lopecista y medinista donde se establecía que las toldas marxistas no podían tener vida legal porque era contrario a la esencia del país. Rómulo había sido comunista.

-¿Cómo llegó Juan Evangelista a ellos?
-Primero como gremialista de los bodegueros. También se hizo muy amigo de Eligio Anzola, máximo líder de AD en Lara y por ahí desarrolló muchísima actividad política. El 18 de octubre de 1945 se dio el golpe contra Isaías Medina Angarita, se nombró la junta revolucionaria de gobierno que encabezó Rómulo y mi papá ocupó un cargo público, fue algo así como regidor de mercado.
-Un puesto modesto.
-Él cuenta que hasta los cargos tontos se prestan para hacer negocios turbios. Una de las banderas mayores de AD fue la anticorrupción. Rómulo se refería a la lucha contra “los ladrones de la cosa pública”. Papá era uno de los que estaba pendiente de que no hubiera chanchullos, dijo que había gente que trató de comprarlo. Cuando llegó Rómulo Gallegos, entregó el cargo y se dedicó a su bodega, al fin y al cabo nunca vivió del Gobierno, eso sí, era muy activo políticamente.

Desespero

En enero del 58, el dictador mostró su desespero cuando reformó cuatro veces su gabinete. Nombró ministro de la Defensa al general Rómulo Fernández y al otro día lo sacó porque lo iba a tumbar, también se deshizo de Pedro Estrada y de Laureano Vallenilla.

-¿Qué lo llevó a prisión?
-Al llegar Gallegos, todo el tren de AD fue a parar a la cárcel, excepto Betancourt, que a los 6 días apareció en Colombia. Se iniciaron las persecuciones y al poco tiempo mi papá cayó preso, lo tenían fichado, su pecado había sido ser adeco y activista.

-¿Qué significó eso?
-Fue una persecución feroz y el que caía preso no sabía cómo iba a salir o si salía vivo, les violaban a las esposas cuando iban a visitarlos. Nosotros corrimos con suerte, a papá no lo torturaron, maltratos de boca sí y algún u otro empujón. Quizá lo respetaron porque era el más conocido de los hermanos Gómez como activista político. Ahí empezó la lucha clandestina contra la dictadura y no era raro que apareciera muerto un adeco, como Leonardo Ruiz Pineda.

-¿Cómo era vivir en esa lucha clandestina?
-En el año 45 murió el segundo de mis hermanos, de 6 años, mi mamá no aguantó el golpe y se trastornó mentalmente, quedó loca. Por cierto, acababa de llegar de misa, de invocar la protección de Dios, y a la media hora Julián –que así se llamaba- desapareció. Lo buscaron desde las 9:30 de la mañana y lo encontraron como a las 4:00 de la tarde ahogado en el tanque.

-¿Y entonces?
-¡Imagínese usted! 8 tripones, mi mamá en el psiquiátrico, papá perseguido y cuando caía en la cárcel quedábamos solos. A veces mamá estaba en la casa, pero trastornada.

-¿Cómo hacían?
-Los vecinos -sabiendo la tragedia en que estábamos- iban y nos cocinaban. Tía Trina se iba casi a vivir con nosotros, pero tenía que volver a su casa a atender a sus hijas. Cuando papá estaba libre nos preparaba en la mañana que si unos huevitos, al mediodía un sancocho, en la cena unos platanitos sancochados, nunca nos abandonó.

-¿Recuerda alguna de esas veces que se lo llevaron preso?
-Claro, un día llegó la Seguridad Nacional: “Señor Gómez, usted está detenido”, “¿Por qué?”, “Por asuntos políticos”. Sin juicio, a pie, porque la cárcel quedaba a una cuadra de nuestra casa. Uno se echaba a llorar, éramos todos pequeños, la menor tenía 2 años.

El burro

El hijo de Juan Evangelista Gómez cree que el gobierno de Pérez Jiménez le dio en bandeja de plata a los estudiantes una excusa cuando impuso a un militar, Néstor Prato, como ministro de Educación. “Los universitarios de Caracas soltaron por las calles un burro con una pancarta colgando que decía: ‘Yo soy el ministro de Educación’”. A los tres días lo cambió.

-¿Cómo era ese hombre de la SN?
-Era un tipo bien vestido.

-¿Como Pedro Estrada?
-Un poco en esa onda, con sombrero, paltó y corbata.

-¿Con pistola en mano?
-Ellos cargaban su arma, pero ¿para qué la iban a sacar si mi papá no oponía resistencia?

-¿Cuánto tiempo duró su papá preso?
-Una vez casi un año, otra vez dos meses y otro par, no recuerdo muy bien.
-En ese tiempo, ¿no lo veían?
-Mi hermano mayor sí, y otros familiares.

-¿Ustedes igual iban a la escuela?
-Teníamos que hacerlo porque papá… ¡oye! Casi todos somos profesionales, incluso dos son secretarias graduadas.

-¿Era muy fuerte su crianza?
-Mucho, nos daba cuero, por lo menos un pescozón, y un pescozón duro. Es que tenía que hacerlo, luego entendimos que debía ser así, porque sin madre y él en la bodega, a media cuadra, tenía que estar mosca con nosotros, imagínese: Varones solos, ¿qué pudiéramos haber salido si no teníamos a alguien que nos pusiera carácter?

-¿Cómo veían a su papá: Con miedo o con respeto?
-Para serle franco, con miedo. Esa confianza que debía haber entre padre e hijo, en lo personal, no la hubo, porque a uno le parecía que si le iba a confiar un problema, lo que se iba a ganar era un cuerazo. Para salir a la esquina teníamos que pedirle permiso.

-¿Nunca les habló de política?
-¡Claro que sí, de eso fue lo que más nos habló!

-¿Les contaba lo que vivía cuando estaba preso?
-Que escuchaba cómo la Seguridad Nacional torturaba, oía gritos, golpes, era atroz.

-¿Y a él?
-Decía que no sabía por qué a él no, le pedían que delatara gente y nunca lo hizo. Había dos de la SN que lo conocían de antes de la dictadura. Al principio criticó mucho a los delatores, pero ¿Cómo hace un padre para no delatar si le dicen que le van a violar a la hija, si le dicen que le van a poner preso a un hijo y se lo van a mandar para la Guasina y Sacupana?

-¿Qué era eso?
-Eran cárceles infrahumanas, diabólicas, creo que en el estado Bolívar, ¿cómo hacía alguien para no “cantar”?

-¿Era un hombre triste?
-No, era muy conversador, lo que más le gustaba hablar era de política.

-¿Cómo era cuando llegaba de prisión?
-Cuando papá regresaba de la cárcel, todos llorábamos de alegría.

-¿Él también?
-Sí, se aferraba a nosotros. Llegaba rebajado, pero no por falta de comida (antes daban comida completa, los presos no pasaban hambre) sino por la preocupación de su familia, su casa.

-Sabiendo que estaban tan cerca de la cárcel, ¿no pasaban por el frente con la esperanza de verlo?
-Como éramos tan pequeños, no evaluábamos la magnitud de lo que pasaba.

-¿Esos encierros lo avivaron o lo calmaron?
-Nunca tuvo desánimo porque de alguna manera la bodega de nosotros era una concha, un escondrijo de activistas contra Pérez Jiménez. Tiempo después, dejó de serlo porque ya papá estaba identificado, recuerdo que por la esquina de la casa merodeaba algún espía de la SN.

-¿Cómo fueron los últimos tiempos de Juan Evangelista?
-Vivimos con mucha pasión el desmoronamiento de la dictadura, Pérez Jiménez inventó un plebiscito para perpetuarse en el poder, todo el que quería votaba, yo no había cumplido 15 años y voté por el No. También fuimos muy activos en las manifestaciones. Él no nos mandaba, pero de alguna manera lo aprobaba.

-¿Se sentía orgulloso?
-No había pensado en eso, pero tal vez sí, porque no nos lo prohibía. Papá nació en 1907 y murió en 1984, en mi carro, cuando lo llevábamos a la clínica.

-¿Cuál fue su mayor lección?
-Honradez, honestidad, trabajo, puntualidad, responsabilidad, cumplir la palabra empeñada. Incluso, cayó en quiebra dos veces cuando estuvo en prisión y para reponerse tuvo que “hacer de tripas corazón”, en una época de mucha bonanza, donde hasta los pobres disimulaban la pobreza porque se podía, no como ahora, cuando nos convirtieron a todos en limosneros.

LA CAÍDA

Reinaldo Gómez tiene el verbo desbocado cuando nos cuenta que en 1957 se marcó la recta final al régimen de Marcos Pérez Jiménez, hubo mucha efervescencia política.
Elizabeth Gutiérrez, “la novia más gloriosa que ha tenido el Lisandro Alvarado” –expresa de su compañera de estudios- andaba en las manifestaciones de calle y la pusieron presa el 20 de enero, día del liceo, en pleno baile de aniversario. “No la pudieron coronar, allí llegó la Seguridad Nacional y se la llevó.
El 21 de noviembre quedó como Día del Estudiante porque fueron ellos quienes decretaron la huelga general indefinida contra el Gobierno.
El 1 de enero del 58 se alzó la base aérea de Maracay, los aviones sobrevolaron Caracas, el levantamiento fracasó, apresaron a Hugo Trejo. La situación estaba desbordada, se le fue el control de las manos al dictador.
El 22 de enero, el liceo Lisandro Alvarado, que tenía mucha influencia en la vida del estado, salió a cerrar el comercio de la ciudad.
“El 23 en la madrugada nos llegó la noticia de que había caído Pérez Jiménez, no lo podíamos creer, parecía imposible, tuvo a Venezuela en un puño, pero no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Mi papá abrió primero el postigo y después la puerta, había algarabía en la calle, todos salimos. Eso fue una felicidad muy grande”.

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