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Aún atormenta el fantasma del molino de Baragua #Secretos

Lara | 9:42am | | Yliana Brett

ELINFORMADOR.COM.VE/Yamileth Herrera.- El fantasma del molino de Baragua parece seguir atormentando a incautos y haber ganado terreno, pues la creencia de que existe se ha extendido y hay quienes aseguran que se hace sentir especialmente en Semana Santa, cuando el bicho aquel anda suelto. El pintor Macario Colombo lo ha inmortalizado en sus obras y asegura que la imagen lo atormenta.

Entretanto, Douglas López, cronista de esa población del municipio Urdaneta, nos cuenta su versión, con los pies bien puestos sobre la tierra.

¿De dónde sale esa leyenda?
Baragua es un pueblo bucó- lico, no tiene fecha de fundación, a principios del siglo XX, no había electricidad en las casas. Donde vivía Macario era un sector que se llamaba Cotupricito, su mamá era una señora de campo que se dedicaba a criar cabras y la gente de esa época -como la mamá del Gabo (Gabriel García Márquez)-, creía mucho en espantos, en apariciones.

Chico Sánchez
“Cuando yo estaba niño nos asustábamos porque decían que aparecía Chico Sánchez espantando, era una persona rica del pueblo que había muerto y aparecía vestido con liquilique y en su caballo blanco, nos criamos con ese temor, dicen que todavía sale”. Douglas López

-¿Cómo se manifestaba esta aparición?
-Cerca de donde ellos vivían había lo que llamaban aguas vivas, aguas naturales y pusieron un molino para extraerla. La gente estaba acostumbrada a que después de las 7:00 de la noche, cuando oscurecía, todo era tranquilidad y de un momento a otro comienzan a oír ese ruido y lo relacionaron con un espanto.

Más que temer
En Aguada Grande hay una casa donde, en el año 1946, una mujer, por celos, mató al marido. El tipo estaba con otra y al enterarse, su esposa le dio unos tiros, luego fue al cuarto donde dormía el niño que habían criado -porque no pudieron tener hijos propios- y también le disparó, al creerlo muerto, se suicidó. Pero la señora del servicio corrió a llevar al niño a la medicatura y lograron salvarlo. Él está vivo todavía, tiene como 70 años. Lo cierto es que mientras la señora iba al cuarto del pequeño, dejó marcadas sus manos ensangrentadas en una pared. Con el tiempo, aunque la pintaran, siempre la pintura se desvanecía dejando al descubierto la marca de las manos, hasta que la casa fue remodelada y el muro de las manos demolido.

-¿No vieron que era un artefacto?

Era el impacto que causó. Al molino lo pintaron de plateado y reflejaba muchas cosas, sombras que parecían caminar, imá- genes a la luz de la luna. Por si fuera poco, en Semana Santa elevaban papagayos y uno se enredó en el molino, el papel de seda sonaba al contacto con el viento: trrrruuuuu.

-¿Se oía tenebroso?
-Dicen que la mamá de Macario le metió miedo, le aseguró que eso era un espanto y como él y otros se asustaron, siguió la leyenda. Era una manera de aquietarlos, de mantenerlos encerrados, porque en esas aguas se ahogaron niños y adultos, en épocas distintas, pero algunas cercanas a Semana Santa y eso avivó la creencia en el fantasma.

-¿Se regó en el pueblo?
-También en localidades vecinas, como El Potrero y a la gente le daba miedo pasar por allí.

-¿El molino aún existe?
-No.

-¿El río?
-Sí y los ahogados también, por eso lo siguen relacionando con esa creencia.

Si alguien sabe del fantasma del molino de Baragua es el pintor Macario Colombo. Es una imagen recurrente en sus obras y una presencia que no le deja la mente en paz.

¿De qué se trata?
-Cuando era niño, íbamos a bañarnos en un molino en Baragua, mi mamá nos advertía: “Te va a salir un fantasma”. Era para que no fuéramos allí porque nos podíamos matar. Duré como 30 años con eso en la mente, hasta que decidí: voy a inventar que ese tipo pasa por el molino volando, esa imagen no me dejaba dormir y empecé a pintarla.

-¿Cómo lo visualiza?
El mar llegaba hasta el pueblo que hoy es un desierto, yo imaginé que estaba en esa playa porque tenía que encontrarme con el personaje (por cierto, yo tengo miedo de ir allá porque me pasaron muchas desgracias, estoy vivo de milagro, yo a Baragua no pienso volver más nunca, fui imaginariamente).

-¿Cómo era?
-Era un hombre con una sábana roja que pasaba por el molino, era uno solo, al ratico vi que eran dos. Hubo entre ellos un concurso de literatura, uno tenía que escribir tres cuentos y el primer premio era una iguana, el segundo una piedra del río de Baragua y el otro un cardón.

-¿Qué pasó con la aparición?
-Fíjate que yo tengo un problema, que como me enfermé p i n t a n d o e l fa n t a s m a d e Baragua, me da miedo hablar de él porque puede regresar.

 

Miedo y encierro
La mamá de Macario lo asustaba con el fantasma para que no saliera a bañarse en el río donde estaba el molino, con eso consiguió que el niño prefiriera resguardarse en la casa. Al crecer no le gustaban las reuniones, se aislaba y alejaba de donde había grupos tomando y fumando. Ya adulto, eligió encerrarse para tener libertad de espíritu. “Me quedo mejor aquí, si yo me sintiera encerrado me iría para la calle, yo me siento muy feliz aquí, la calle me enferma”. Lleva 50 años sin salir, pintando sin cesar imágenes como la de Jesús de Nazaret y, por supuesto, la del fantasma del molino de Baragua. “El miedo es algo tan natural que si uno dice que no lo siente es un mentiroso”, afirma.

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