Edición del día Miércoles
8 de febrero de 2012
03:49 en Barquisimeto
Lunes 6 Septiembre 2010 Cumpliendo con lo que ya es tradición, ayer se celebró otra jornada de Contemos Bajo La Ceiba; una actividad que involucra tanto a niños como a adultos y les lleva a compartir un día de recreación junto al histórico jabillo del centro de Cabudare.
FERNANDO GALLARDO.- Fiesta de cumpleaños es el nombre del espectáculo que los niños de Palavecino disfrutaron ayer. Para ello contaron con la presencia de Polly, Ramoñón y Tiao; quienes a las 12:00 del mediodía iniciaron una función cargada de disparates y expresiones espontáneas que, de inmediato, captaron la atención de los asistentes. Una maleta blanca y un bolso marrón, portados por los payasos, se convirtieron en fuente inagotable de sorpresas con múltiples instrumentos. El primer set de Polly y sus amigos estuvo basado en hacer malabares, para lo cual pidieron la participación de los más pequeños. Ellos plantearon que una niña capturara con un sombrero las cinco pelotas que Ramoñón alternaba en sus manos, lo que se hizo difícil por el esfuerzo de Polly en sabotearla. Aún así, ella manejó la situación y, con la ayuda de Tiao, logró atajar las pelotas; recibiendo la ovación de los niños. Luego, la función atravesó uno de sus momentos más eufóricos cuando Polly sacó un monociclo e intentó montarse en él (aunque no sabía cómo hacerlo). Para orientarlo, una niña se puso de pie; aunque se mostró desesperada debido al poco entendimiento que tenía el payaso, quien ni siquiera entendía que la rueda debe ir en el suelo y la silla, hacia arriba. Tras varios intentos Polly dedujo que requería la ayuda de dos niños, para que le sirvieran de apoyo y pudiera sentarse en el monociclo. Los dos voluntarios, que también merecen ser llamados valientes, le sostuvieron por cada lado; haciendo un esfuerzo titánico ya que el payaso, pese a ser flaco, también es muy pesado. Cuando finalmente se montó en su monociclo, su falta de equilibrio le hizo desplazarse sin control por toda La Ceiba, provocando que los niños corrieran para evitar que les llevara por delante. Este momento, tanto para infantes como representantes, se convirtió en un poderoso aliciente de risas. 20 años y contando La temática festiva del encuentro estuvo enmarcada en la celebración de los 20 años de Contemos bajo La Ceiba, lo cual representa el primer proyecto desarrollado por el Ateneo de Cabudare. El próximo 19 de septiembre se cumplirán dos décadas de que Benjamín Terán, fundador del Ateneo, recorrió las calles de Cabudare con un megáfono, para convocar a los niños a que se acercaran a La Ceiba. Ana Magaly Bracho, coordinadora de Contemos bajo La Ceiba, expone que este espacio fue dispuesto para que las familias compartan, se eduquen y cultiven valores. “Los niños viven una experiencia cultural plena, ya que regularmente tienen contacto con las manifestaciones que se presentan en el Ateneo”. Bracho detalla que buena parte de los artistas que presentan algún material en el Salón Héctor Rojas Meza (ubicado en el Ateneo), también asumen el compromiso de participar en las jornadas de La Ceiba, enseñando a los niños sobre su área de especialidad. “Si se trata de un pintor, por ejemplo, lo hacemos venir a trabajar con los niños el domingo. Eso les deja un aprendizaje integral en múltiples ámbitos”. Por su parte, Benjamín Terán señala que “ir a La Ceiba es prepararse”, argumentando que semanalmente ofrecen espectáculos culturales de talento nacional e internacional: “Inicialmente Contemos bajo La Ceiba hacía alusión a una presentación de cuentacuentos, pero con los años se amplió el abanico y comenzamos a contar con artistas plásticos y diversos exponentes del espectáculo circense”. Trascendió que el proyecto es un referente nacional del trabajo con los niños, siendo reconocido por universidades pedagógicas que envían a estudiantes para que amplíen sus conocimientos. Esta iniciativa también permitió crear el concurso de literatura infantil Un cuento para La Ceiba, dirigido a niños cursantes de 5to y 6to grado de todas las instituciones de Palavecino, así como el Festival de Papagayos.
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