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Amor que detuvo al virus

Miércoles 3 Noviembre 2010 A ella le gustaba el inquilino del apartamento que su madre alquilaba. Raiza Farnataro, una muchacha soñadora y de una actitud muy decidida frente a la vida, siempre le pedía a su madre que le cediera el recibo de cobro del arrendamiento. Ese recibo era la excusa perfecta para establecer contacto con el joven que le atraía.

Eduar Valero Delgado.- Un día, como cualquier adolescente de 15 años de edad aunque tenía 24, le robó el recibo a su madre y se aventuró a conocer a su príncipe azul. Eran dos los jóvenes que vivían en el apartamento, pero ella sólo tenía ojos para uno.
Le impresionaba la pulcritud y el orden con el que conservaban el inmueble. Ella hacía todo lo posible por captar la atención de quien le había gustado, pero él no parecía tener interés por ella. El otro amigo, se mostraba en cambio muy galante.
En una de esas tantas conversaciones, Raiza le confesó a Edgar Arias que no le gustaba y que tenía verdadero interés en su amigo. Esas palabras causaron gran desilusión en Edgar, a quien no le quedó de otra que ahogar su pena en el alcohol.
Esa respuesta en vez de desanimarlo, lo impulsó a conquistar a aquella muchacha. Tarjetas, peluches y ramos de flores comenzaron a llenar la casa de Raiza y paulatinamente su corazón. Las cenas, palabras, miradas y detalles fueron cimentando un amor que en seis meses se consumó en una unión ante Dios.
El primer golpe que tuvo que vivir la pareja fue cuando se enteraron que Raiza padecía una enfermedad llamada amenorrea primaria, que la imposibilitaba para tener hijos.
En ese momento, Raiza le dijo a su esposo que deseaba el divorcio. Él le dijo que no se lo daría porque habían hecho un pacto ante Dios de estar juntos en las buenas y en las malas.
A los dos años de casados, adoptaron un niño que pronto traería una nueva ilusión a la pareja. Todo parecía encauzarse.
Raiza siempre fue una mujer enferma; la hipertensión, el mal funcionamiento de la silla turca (que comanda el organismo) y la obesidad fueron algunos de los males que tuvo que sobrellevar, aunque su pasión por la vida y buen humor siempre fueron su mejor antídoto.  
La pareja se convirtió al cristianismo luego de sentir la respuesta de Dios en cada una de esas dificultades. Raiza se convirtió en una gran líder dentro de la iglesia: “Siempre me ha gustado ayudar a los demás. Estudié en el Colegio María Auxiliadora, en donde participé en las misiones en ayuda de los necesitados”.
Por su parte, Edgar siempre se destacó por su perseverancia en la oración. Luego de 18 años de casados, Raiza comienza a padecer mareos, fiebres, diarreas, vómitos muy seguidos y debilidad en todo el cuerpo: “Había días que no me podía levantar”.
Le aplican los estudios médicos. Su cardiólogo cree que pudiera tratarse de un cáncer en metástasis pero no había detectado en qué lugar del cuerpo, mientras tanto esta mujer de 42 años de edad, evidencia mayor el deterioro con la caída del cabello, le aparecen rosetas en la piel, y hongos en las pocas uñas que le quedaban.
El último examen que le hicieron fue el de VIH. Su hijo de 16 años de edad, fue quien retiró los exámenes y el primero que se enteró que su madre tenía sida (etapa terminal). Su esposo se encontraba para aquel momento en San Cristóbal, sin saber lo que padecía su esposa.
Raiza pasó por muchos médicos. Uno le dijo que tenía tuberculosis y otros no se atrevían a diagnosticarla. Llena de impotencia, le pidió a uno de los especialistas que le dijera el tiempo de vida que le quedaba. El médico le contestó: “En la vida pasan cosas y lo que a usted le pasa es que tiene VIH” .

¿Cómo reaccionaste con la noticia del doctor?
(Raiza): Le dije: Tendría que volver a nacer para no tenerlo. No sabía qué era esto, porque existe la creencia que esa enfermedad es de homosexuales, prostitutas y gente que tiene diversidad de parejas. Jamás pensé que me podría pasar, mi estatus social y la crianza no me lo permitían.

¿Cuando a su esposa le diagnostican el virus dónde estaba usted?
(Edgar): No sabía lo que sucedía porque estaba en San Cristóbal. Al llegar al hospital le pregunto a las hermanas: ¿Qué le pasa a Raiza? Y ellas me responden: Raiza tiene sida, tú tienes sida, ella y tú se van a morir. Tú la contagiaste.

¿Cómo fueron los primeros días después del diagnóstico?

(R): Pasé el fin de semana con mi esposo y mi hijo. El domingo mi hijo llama a mi hermana y le dice: Ven a buscar a mi mamá que se está muriendo. Tuve una recaída porque estaba en la etapa terminal. Estaba morada. Los médicos dieron la orden de aislarme de inmediato. Me dieron 48 horas de vida.

¿Qué pensabas en ese momento?
(E): Lo único que pensaba era que íbamos a morir, y que dejaríamos a nuestro hijo solo.

¿Cómo reaccionó tu familia con tu esposo?
(R): Ellos lo corrieron del apartamento porque el edificio es de mi familia.

¿Cómo te sentiste al ser rechazado por la familia de tu esposa?

(E): En ese momento me sentí muy mal, sobre todo por el rechazo de las mujeres de la familia porque con los hombres fue distinto.

¿Qué decisión tomaste en cuanto a la relación?
(R): Le dije que se fuera, que no quería saber nada de él y que esperara que yo asimilara lo que estaba sucediendo. En ese momento, yo me sentía mal, pensaba que me iba a morir, sentía rabia, ira y rencor. Quería vivir por mi mamá y mi hijo. Por eso decidí separarnos.

¿Te sentías culpable?
(E): Sí, por el daño que le había hecho a ella.

¿Sentiste rechazo de tu familia?
(R): Ellos me apoyaron mucho. Sólo sentí el rechazo de parte de un tío. Lo perdoné más él no se me acerca.

¿Usted sabía que tenía VIH?
(E): No sabía.

¿Cómo viviste el proceso de la enfermedad?
(R): Para mí fue un impacto muy grande cuando me vi parada desnuda frente al espejo, rebajé 30 kilogramos, llegué a talla 8. Yo dije: Señor que me está pasando. Será que voy a quedar así. Decía dentro de mí: No me voy a morir. Comencé a evolucionar.

¿Cómo lo tomó su hijo?
(E): Para ese tiempo tenía 16 años de edad y siempre fue un muchacho muy pilas. Él ya sabía lo que teníamos porque lo había investigado por Internet. Él es el orgullo nuestro. Fue nuestro apoyo y motivo para seguir.

¿Le preguntaste a Dios por qué a ti?
(R): No le pregunté a Dios el porqué, sino el para qué. Soy cristiana evangélica desde hace 18 años y cuando comenzamos a ir al Programa Regional VIH/sida Lara, y ver a la gente, me dije: Esta es la misión de vida que tengo; ayudar a las personas con VIH, psicológica, afectiva y emocionalmente. Fui a talleres y empecé a tener contacto con gente que tenían años en esto y gané posición dentro de la Red Venezolana de Gente Positiva que es la única red que apoya a personas VIH + en  Venezuela. Actualmente represento a la mujer ante el Movimiento Latinoamericano y del Caribe de Mujeres Positivas.

¿Quien contagió a quien?
(E): Lo que me dijeron los médicos al hacernos la carga viral es que yo tenía entre dos y tres años con el virus y mi esposa tenía de ocho o 10 años. No creo que mi esposa lo haya adquirido con otra pareja porque confío en ella. Cuando nos casamos ella era virgen. Pudo haberse infectado con una de las transfusiones que le hicieron, igualmente yo fui muy promiscuo cuando muchacho. En este momento, nosotros no hablamos de quien tiene la culpa, y no importa saberlo.

¿Por qué usted recae y su esposo no?
(R): Edgar no ha caído en cama porque siempre ha mantenido la carga indetectable. A mí me afectó más porque mi sistema inmunológico es más vulnerable al virus.

¿Cuándo se reconcilian?
(E): Al año de separarnos. Nos veíamos escondidos de su familia. Mi hijo era quien me cantaba la zona para entrar en el apartamento  porque en el edificio donde nosotros vivimos vive un hermano y primo de mi esposa. Fue algo muy bonito porque volvimos a ser novios.

¿Cómo vive una pareja con VIH?
(R): Tenemos que cuidarnos de la reinfección. Al momento de tener relaciones debemos usar preservativo para evitar que él me traspase sus cepas a mí y yo las mías a él, al momento de la eyaculación. Tomamos un tratamiento: Tres pastillas diarias que son  medicamentos retrovirales; es decir, que retroceden el virus. Por lo demás somos una pareja como cualquier otra. Comemos de todo y debemos hacernos el análisis de carga viral cada seis meses.

¿Cuándo se dan cuenta que el virus está controlado?
(E): Desde 2003 hasta ahora la carga del virus en mi esposa es indetectable; es decir, el virus está muerto. Lo hemos venido disminuyendo gracias a Dios y a los tratamientos. Yo siempre lo he mantenido indetectable.

¿Se puede vivir con sida por mucho tiempo?
Sí. Hay dos cosas fundamentales. El 50 por ciento son los medicamentos y el otro 50 es el estado anímico de la gente. Eso influye para mantenerse, si tomas medicamentos, pero estás deprimido, el virus se sigue mutando. El tener a Dios en mi corazón me ha ayudado.

¿Qué enseñanza les deja esta experiencia?
(E): Hay un versículo que dice que Dios actúa por caminos misteriosos y hasta el día de hoy, le damos gracias a Dios porque el VIH entró a nuestro organismo para ayudar a otras personas que estén pasando por esta situación.

El tratamiento y estado Anímico son claves

Al hablar de lo que todos conocen como sida, lo primero que hay que conocer es la diferencia entre VIH y sida. La pediatra y coordinadora del Programa VIH/sida del estado Lara, Elida Dapena, explica que cuando una persona es VIH + tiene cuerpos contra el virus en su sangre y pudiera estar asintomática o pudiera tener síntomas como diarreas crónicas, fiebres prolongadas, infecciones respiratorias y lesiones en la piel que no mejoran con tratamientos dermatológicos.
El paciente que tiene sida (Virus de Inmunodeficiencia Adquirida), está en la fase final, es decir, cuando el sistema inmunológico ha mermado por el virus, y viene dado por el contagio de células o linfocitos CD4 en su sangre”.
En ambos casos, el portador puede infectar a otros.
“Cuando una persona tiene menos de 200 linfocitos Cd4 se dice que tiene Sida”.
En los 20 años que tiene el programa en el estado Lara, han diagnosticado a 2.175 pacientes. Hasta el 30 de septiembre de 2010, 810 pacientes reciben tratamiento antirretroviral, aplicado para retroceder el virus.
De enero hasta septiembre de 2010, se han detectado 173 nuevos casos, lo que se traduce en una disminución de 20 casos con relación a cifras del año pasado. “Cada vez se infectan personas más jóvenes de entre 15 y 16 años de edad”.
Agrega que la transmisión vertical sigue estando en 0. Lo que quiere decir que han nacido 24 niños, hijos de madres positivas, que no se han infectado gracias al tratamiento retroviral aplicado por el programa en el estado Lara. “Es posible impedir el contagio de madre a hijo mientras se le detecte durante al embarazo y se le aplique el tratamiento”.
Hace unos años atrás, por cada 8 hombres había una mujer infectada, ahora por cada tres hombres hay una mujer infectada. “Estas cifras lo que nos hace inferir es que hay una feminización de la enfermedad”, señala. También comenta que el VIH se ha domesticado, “antes se decía que el hombre llevaba el virus a la casa o simplemente era una enfermedad de homosexuales y prostitutas. “Eso ha cambiado porque son los heterosexuales los que se están infectando”.
A modo de ejemplo, comenta que de las 24 mujeres VIH + que estuvieron en control durante su embarazo en el programa, la mayoría fueron contagiadas por sus esposos.
Explica que cuando una persona se entera que posee la enfermedad, lo primero que siente es rabia y mucha decepción, aunque ese sentimiento va a depender de cada persona porque hay quienes lo toman con más tranquilidad, quizás por el desconocimiento.
Refiere que hay casos en los que las parejas son ‘cerodiscordantes’; es decir, cuando la esposa tiene VIH y el esposo no, o viceversa, y aun así conviven. “Es posible vivir con la enfermedad, todo va a depender del tratamiento y el estado emocional”.
Se recomienda a la pareja que tenga VIH +, usar condón para no intercambiar cepas y en el caso de desear la reproducción, hay técnicas como lavado de semen para  evitar que el niño se contagie con la enfermedad.

Tags Zona Libre Emociones Amor VIH Virus

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