Edición del día Martes
7 de febrero de 2012
08:19 en Barquisimeto
Viernes 22 Enero 2010 - 06:14 No crean sólo para galerías, es parte de su alfabeto. Se expresan y viven con el mismo lenguaje y han hecho sus hogares a su imagen y semejanza. Quieren habitar dentro de sus piezas y el arte se prolonga en el lugar que construyeron, lejos de la ciudad, del ruido, del cuadriculado predecible.
YAMILET HERRERA.- David González, artista plástico, tallador, pintor. Ganador del Salón Héctor Rojas Meza en varias ediciones: 2003, con la obra Nuestra señora de los niños del barrio; 2004 con La inocencia y 2005 con La resignación. Expondrá próximamente en el museo Salvador Valero Trujillo, una muestra individual itinerante, que irá a la galería de Arte Nacional de Caracas y regresará a Barquisimeto.
Los Cámagos. Agüedo Felipe Alvarado, Iribarren.
"Esta es la tierra de mis ancestros, donde habitaron los gayones, la etnia a la que perteneció Ana Soto, la única mujer que dirigió ejércitos indígenas y combatió en la famosa batalla de Los Cámagos. Es un lugar desértico, caluroso. Soy partidario de que el campesino que emigra hacia la ciudad debe regresar y devolver lo que aprendió. No me gusta mucho la ciudad. En Barquisimeto, mientras estudiaba diseño de obras civiles conocí a Yelitza Perregil, supimos que íbamos a estar juntos mucho tiempo y decidimos atrevernos a hacer nuestro hogar aquí. Esto era un cerro, un tunero, complicado para entrar. Mi mamá me dijo: ‘tanto terreno plano y vas a escoger justo ahí'. Quisimos conservar los cardones sembrados alrededor por mi bisabuela, tienen más de 80 años, delimitaban un corral de chivos. Investigamos, inventamos, hicimos el diseño, quisimos un espacio abierto, sin paredes. La intención es que funcione como una galería para nuestras obras y las de amigos, artistas populares que de repente no tienen donde exponer sus piezas, un museo comunitario. Esta casa está hecha con piezas de casas demolidas, ventanas, puertas, botellas recicladas que sirven para que la luz se cuele a través del color de los vidrios. Los objetos, muchas antigüedades, han sido rescatados de lo que la gente tira en los patios: pilones, piedras de amasar, peltre, una mesa para tejer la capellá de las alpargatas. Se ha convertido en un sitio de encuentro para celebrar tradiciones como el velorio de la Cruz de Mayo, tamunangues, vienen a hospedarse misioneros, scouts, extrañamente a la gente le ha gustado. Sin Yelitza no hubiésemos podido tener nada de esto".
En plano
De la vía principal a mano derecha, se deja atrás lo urbano. Recibe la figura gigante de una abuela, elaborada con residuos de barro, cemento, pega y esmaltes. Es una casa de puertas abiertas, con grandes ventanales, sin paredes internas, sin columnas, una estructura autosustentable, de 8 metros en su parte más alta, que funcionará como un mirador. Los adobes la hacen más fresca, el piso es un gran lecho de lajas. Abajo es el área colectiva y arriba, donde las habitaciones son como trojas, es la parte íntima. La hizo el maestro Lorenzo Lináres, de San José de Tin Tin, que interpretó las ideas de David y Yelitza, convertidos entonces en sus obreros.
Coordenada: latacvba@hotmail.com
Mattey Berríos
Artista plástica, artesana, escultora. Es autora del mural a cuatro manos de la Divina Pastora en la entrada a Santa Rosa, obra que hizo con Mariana Sellanes. Ahora está dedicada al trabajo social, coordina el Primer Encuentro Municipal de Artesanos que se efectuará en el Ateneo de Cabudare, los días 24, 25 y 26, para organizar a los trabajadores de las artes de Palavecino.
Taller Azul. Agua Viva. Palavecino.
"Mi casa es constructivista, en la medida en que fueron apareciendo necesidades las fui solucionando. Muchas veces me tocó tumbar y volver a hacer, todavía lo hago. A veces creo que es una persona, todo el tiempo se está transformando. En ocasiones está deprimida, otras eufórica. Las casas se parecen mucho a los que la habitan, como si tuvieran vida propia, son parte de la familia. En principio no estaba prevista para ser taller artesanal, incursioné en el arte como algo casi accidental. Había un gusto por eso y fue mi casa la que me hizo desarrollarme como artesana, como artista. Es mi obra fundamental, fue la esencia, el arranque de todo el trabajo. No es nada del otro mundo, es modesta y se ha hecho casi con basura. Ahí vamos, ahora tengo que cambiar todo el jardín porque no hay agua en la zona, he aprendido a apreciar la vegetación xerófila. Me gusta lo verde. Las figuras en los pisos cuentan cosas, no hay una lectura continua, son fragmentos de ideas, hago una obra, me sobra material y la plasmo. Hay ideas alejadas de otras pero con el mismo alfabeto. Hay personas, animales, objetos... La hice con mis manos, eso significó que quedó mal, me equivocaba, pero creo primero en la práctica y después en la teoría. Me ha hecho aprender de la vida. Quise un espacio muy abierto pero no sabía como plantearlo, hoy en día no la haría como ésta, no tendría cuartos sino un espacio para colgar hamacas, una especie de churuata. Mi sueño es hacer una casa con forma de ser humano, donde cada área se asocie con las funciones que se cumplen dentro de ella. Los ojos serían ventanas, la boca la puerta principal, las piernas pasillos, la cocina estaría en el estómago y el baño en los glúteos. Había hecho la maqueta, varias figuras de personas acostadas, de pie, en posición horizontal, vertical, pero se dispersaron por el mundo, algunas piezas están en París, Italia, Japón... la tengo en mi cabeza. Las casas permiten esa individualidad, la gente de apartamento es uniforme, parecen ventanas, se empeñan en parecerse".
En plano
En la vía al Parque Nacional Terepaima hay un portón que identifica: Taller Azul. Recibe una caminería bordeada de vegetación: plantas xerófilas, mandarinas... La casa es de adobe, las columnas tienen madera adherida sobre la que se fijan figuras de vírgenes y otras artesanías. La cocina tiene armarios de concreto sobado con puertas forradas de tela de gallinero. En el terreno, alejado de la vivienda está el taller; otra área distante funciona como estudio, hay discos, libros, y material de trabajo artesanal. A veces se transforma en sitio de descanso y otras en salón de fiesta. Una construcción contigua es de habitaciones para los amigos, la familia, siempre está llena de gente.
Coordenada: tallerazul@cantv.net
Miguel Ángel Peraza
Ceramista, ganador del Premio Nacional de Artesanía 1996. Con Estudios en Ecuador, Italia, México, Curazao. Ganó el primer premio en Cerámica Contemporánea en el Segundo Encuentro Iberoamericano de Alfareros (puerto Rico, 1992). También ha representado a Venezuela en eventos en Cuba, Brasil y Alemania. Ahora está trabajando en coloridas esculturas en la que fusiona maderas nobles, MDF, acero inoxidable y cerámica. Tiene una reciente línea de animales en cerámica, admite que busca nuevas formas, matices y formatos para no aburrirse.
La Costa, vía a Quibor. Jiménez.
"Las mujeres en si son una casa, es uno el que tiene esa necesidad de hacerla. Nací aquí, es donde me he sentido siempre cómodo aunque vaya y venga. Elegí este lugar, apartado, con mucho espacio. Antes de construirla investigué sobre técnicas populares, hay mucha sabiduría en eso. Empecé a armarla en la cabeza, la quería tipo bóveda, como una vasija, luego quemarla en una gran pira y esmaltarla, hacer una pieza de cerámica para habitarla. Es una idea que tengo todavía y la voy a hacer, aún estoy muy joven (risas) y soy testarudo, sería aquí mismo, trabajaría en cosas redondas, pienso en redondo más que en ángulos. El swiche me cambió cuando iba hacia Caracas y vi unas rumas de madera en la vía del tren. La quemaban para desecharla y las recogí. La madera me encanta, tanto como la cerámica. Empecé un día que estaba cumpliendo años, no tenía pareja a la que consultarle, fue muy a capricho, ahora si, Nilda se encarga de muchas cosas. Hice esa mezcla con barro y leños viejos. Conservé los árboles del terreno y quedaron metidos en la estructura, ellos llegaron primero que yo, no los puedo cortar. Recolecté materiales aquí y allá. Soy claustrofóbico, muy poco citadino, me gusta el campo, los espacios libres para ver y respirar, por eso los ventanales, grandes entradas de aire y luz. La calma, el silencio, son fundamentales para mí. En las ciudades el vecino decide lo que vas a oír. Uno tiene que hacer lo que le da la gana y es más o menos lo que hice. La casa habla, me recibe con los brazos abiertos, me llama, me necesita, el olor de la madera me regocija".
En plano
Con croquis de por medio y después de sortear algunos cruces equivocados se llega al caserío y luego, en lo alto, al taller Loma Redonda. Parece una exposición, los objetos utilitarios de cerámica, en venta, están colocados con cuidado y armonía visual sobre largos mesones. Al fondo está el horno y el área de trabajo. Pocos metros separan la vivienda, extremadamente pulcra. Entramados de madera, aquella que sirvió a los rieles y el telégrafo, tejas, una escalera interna y obras del ceramista mirando desde todos los ángulos. En algunas ventanas, los tonos cálidos de las nuevas esculturas rompen la calma. Pisos de caico rústico bien pulido conducen a un paseo alrededor: piedras con restos fósiles halladas en la zona y una ciudad en miniatura, elaborada con restos de material. Es Solentiname, el nombre que cuando niño Miguel Ángel escuchó pronunciar a Ernesto Cardenal que hablaba desde la pantalla de un televisor de 13 pulgadas en blanco y negro.
Coordenada: www.artesanialomaredonda.com
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.