Edición del día Martes
7 de febrero de 2012
07:42 en Barquisimeto
Para que exista un sistema político y social estabilizado a largo plazo se necesita un acuerdo claramente mayoritario en torno a premisas esenciales relacionadas con el sistema de gobierno, el tipo de propiedad y de distribución del ingreso. Este consenso existe en la población, tal como lo muestra la reciente encuesta de Ivad, que aunque indaga poco sobre la conducta electoral del venezolano, contiene una pregunta que es reveladora en relación al “sistema más apropiado para Venezuela”. Los polos extremos son rechazados: el sistema capitalista tiene apenas 4.9% de preferencias; el sistema marxista/comunista 1.3%; el modelo cubano 0.8%.
Mientras que se produce una amplísima inclinación hacia el Socialismo del Siglo XXI, 37.1%, y Sistema Democracia Social, 49.9%. Si bien el encuestador no investiga mucho más allá sobre las motivaciones de los venezolanos, se puede presumir que estos dos modelos no son percibidos como antagónicos y que, ambos, con una mayor o menor dosis, expresan un ideal común de economía mixta, democracia política, redistribución del ingreso e intervención del Estado en la economía y la vida social para regular su funcionamiento y combatir las desigualdades.
Sin embargo, ese ‘consenso’ que se da en la población no posee un equivalente en las élites (del Gobierno y de la oposición), en las que tienen mucho peso los modelos más radicales. En el caso de la oposición es notoria la inclinación hacia el modelo capitalista de sectores muy importantes, como los medios de comunicación, el empresariado y el mundo intelectual, en particular por la preeminencia de la lógica neoliberal en el gremio de los economistas. En cuanto a los partidos que hacen parte de ese conglomerado de la oposición, hay matices y tal vez un mayor grado de conciencia en relación al ‘modelo’. Pero no han logrado imponer otra visión. El rol de vanguardia, en la oposición, lo tiene el modelo capitalista, que marca la pauta y limita sus posibilidades de crecimiento.
Del lado del Gobierno se percibe en su élite un vaivén entre el modelo comunista y el de una economía mixta, lo que le ha enajenado el respaldo de amplias franjas de la clase media, que no saben a qué atenerse. Para sacar a Venezuela de la situación de antagonismo irreconciliable en que la vive, sus élites deben evolucionar y sus mentalidades acoplarse al sentimiento mayoritario de los venezolanos, que, aun con diferencias significativas, comparten los rasgos básicos de un modelo social progresista.
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