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Luis Fuenmayor Toro

Columnas

Ni tan calvo, ni con dos...

Por Luis Fuenmayor Toro
lft3003@yahoo.com

Éste, como varios otros refranes, condena el mantenimiento de posiciones extremas en la vida diaria de la gente. El sentido común, que para algunos es el menos común de los sentidos, usualmente se aleja de los llamados "extremismos", los cuales existen no solamente en la política, aunque es en ésta donde causan más daño y, por lo tanto, son más combatidos. El ultraizquierdismo es tan peligroso y nocivo como el ultraderechismo, y alguien ha señalado que generalmente los extremos se tocan. De allí que todos hayamos sido testigos de cómo un ultraizquierdista furibundo de ayer es hoy quien mantiene las posiciones más extremas e inflexibles de la derecha. En nuestro pasado no muy lejano, vimos a guerrilleros de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional convertirse en delatores de oficio, en funcionarios de persecución del pueblo, en agentes de las fuerzas policiales represivas.
Hay un caso muy frecuente: El de los jóvenes con posiciones extremas de izquierda vehementemente mantenidas, las cuales dan paso en su madurez a enfoques también vehementes, pero conservadores. Y es que este tipo de visiones, como los enfoques que se tengan de la realidad política o cotidiana, dependen de las funciones y posiciones que tengamos en un momento particular en la sociedad. Nuestro ser social cambia en el tiempo, sobre todo entre jóvenes y viejos, lo que hace variar nuestra conciencia social. Así, desde el punto de vista de los gobiernos de derecha, la universidad, incluyendo la venezolana, es de izquierda y revolucionaria, por lo que había que enfrentarla y tratar de reducirla y presionarla a través de la insuficiencia presupuestaria-financiera. En la crisis económica de los años '80, los gobiernos de Luis Herrera, Lusinchi y Pérez utilizaron la reducción del presupuesto como arma de presión y de sanción. Hoy, muchos de quienes ayer enfrentaron exitosamente las agresiones de los distintos gobiernos contra la universidad venezolana, aparecen como críticos y verdugos implacables de una institución que, si bien se ha venido descomponiendo y pervirtiendo, en parte por la inacción gubernamental, requiere del auxilio y asistencia científica y técnica oficial, para recuperar todo su potencial transformador de la sociedad, que le permita nuevamente estar completamente al servicio de la nación venezolana. Necesidad ésta no sólo de la propia universidad, sino también del Gobierno nacional en su tarea de construir una vía para el desarrollo del país y para el mejoramiento permanente de las condiciones de vida de nuestro pueblo.

Luis Fuenmayor Toro

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