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Miguel Pérez Abad

Columnas

Cooperar es la clave

Por Miguel Pérez Abad
mapa@movistar.net.ve

El surgimiento del Estado comunal como una auténtica expresión de la democracia participativa es una reivindicación de la sociedad, que cuenta con un indudable respaldo popular. La iniciativa, promovida desde el Gobierno Bolivariano, aspira que el pueblo administre de forma cogestionaria y sea corresponsable directo de algunos servicios públicos vitales en su comunidad (gas doméstico, por ejemplo).

En un terreno más ambicioso, contempla -igualmente- que los consejos comunales y/o comunas produzcan bienes y servicios para satisfacer necesidades alimentarias, entre otras. Ahora bien, un proyecto de vanguardia política de esta naturaleza, despierta -de inmediato- muchas interrogantes e incluso dudas razonables, algunas justificadas. No obstante, más son las que se generan por prejuicios políticos.

Si se toma la ruta adecuada y se evalúa la mayor cantidad de variables que deben intervenir en el proceso de conformación de un Estado comunal, se puede augurar éxito. Pero ello exige desprendimiento y mucha praxis. El establecimiento de un Estado comunal debe ser complementario y no sustitutivo.

Veamos el caso de la participación de los trabajadores en la administración, gerencia y dirección de las empresas, sean públicas o privadas. Al principio, las reacciones fueron de rechazo, pero las empresas y empresarios exitosos de Venezuela y el mundo, utilizan la ventaja de contar con el conocimiento de la base laboral para diseñar y ejecutar estrategias de negocios exitosas. ¿Qué fenómeno se da en este caso?: el complemento necesario entre las partes y no el reemplazo de una de ellas. Los que se dejan atrapar por los extremos, lo que piensan es en el desplazamiento de la gerencia de la empresa y los propietarios por la base laboral, lo cual puede ser válido para algunos casos de gestión empresarial, pero no debe plantearse como un desiderátum absoluto.

En el caso del desarrollo de una economía comunal, se puede aplicar la misma filosofía. Nadie está de sobra. La sociedad es insustituible, como lo es su organización. Son insustituibles los trabajadores. Pero también es insustituible el conocimiento y la experiencia empresarial, un intangible que no cae del cielo, que no se aprende de la noche a la mañana. De allí que la máxima debe ser la complementariedad, la asociación. Es válido que algunos se planteen la dicotomía que puede representar que la clase empresarial venezolana -así sea nacionalista y progresista- apoye un proceso que pueda considerarse competencia. Pero para eso está un Estado fuerte que regule.

Miguel Pérez Abad

Tags Opinión Columnas Cooperación Estado Participativa

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