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Rodulfo Celis Vargas

Columnas

Educar e instruir

Por Rodulfo Celis Vargas

Hay por lo menos tres expresiones que a diario escuchamos de la gente, no importa el sitio donde nos encontremos: ¡Vivimos un verdadero clima de inversión de valores!, ¡Qué lástima, es un grosero, pensé que era una persona educada!, ¡Parece muy instruido, pero no es educado!. Sí, en efecto, la tendencia general es asociar la educación con los valores en su más amplio sentido, indistintamente del grado de instrucción que pueda tener la persona. Mutatis mutandi, un individuo puede ser muy culto, pero carente de valores; esto significa, que no es necesariamente una persona educada. Y, ¿qué debemos entender entonces por educación?. Claro, son infinitas las definiciones que se han dado, de la cual se han ocupado especialmente los teóricos de la pedagogía, entre otros, como: Jean Piaget, Juan Enrique Pestalozzi, María Montessori y Ovide Decroly, todos, presumo, objeto de estudio por aquellos que hemos pasado por las aulas de una Universidad Pedagógica.  No obstante no se trata de traer a colación en este momentos las ideas pedagógicas que tuvieron esa pléyade de pensadores sobre lo que debe ser y entenderse por educación. Empero, no puedo dejar de expresar que la educación, cualquiera que sea la definición que se tenga o se haya tenido de la misma, constituye un proceso de socialización de los individuos, a través del cual asimilan y aprenden conocimientos, pero también implica una concienciación cultural, moral y conductual. Obviamente, comprende un proceso multidireccional mediante el cual se transmiten conocimientos, valores, costumbres  y formas de actuar. La educación no sólo se produce a través de la palabra: está presente en todas nuestras acciones, sentimientos y actitudes. Incontrovertiblemente, si la mayoría de las instituciones educativas sólo se limitaran, como suele suceder, a la transmisión de conocimientos, ya no podría hablarse de educación sino de instrucción. Ciertamente no basta con la educación meramente formal, sino también la formal e informal, pero en su conjunto todas deben velar por la formación integral de las personas: conocimiento y virtudes; moral y luces, como hubo sostenido nuestro Libertador Simón Bolívar. Sin duda la integración de lo ético y lo dianoético bien estructurados, son la base para la formación de una personalidad ajustada al deber ser de una persona.  Lo que es lo mismo no basta con instruirse; hay que educarse. La educación procura formar el carácter y hacer del sujeto una persona con cualidades esenciales y buenos hábitos para vivir en sociedad. 

Rodulfo Celis Vargas

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