Edición del día MiĆ©rcoles
8 de febrero de 2012
03:45 en Barquisimeto
En plena juventud, cuando contaba con 18 años de edad y decido dirigirme hasta la sede que mantiene todavía el diario El Informador de Barquisimeto, yo sabía que buscaba la oportunidad de comenzar una historia. Si la familia del diario El Informador aceptaba esta oportunidad, bien también entendía que no era por simple azar, sino porque mostraba una vocación que es mi realidad hoy: “Ser profesional del periodismo”.
Un 7 de septiembre de 1985, con el artículo titulado “Adiós a MOS”, logré que la familia del diario El Informador abriera las puertas a mis inquietudes como comunicador social. El periodismo de opinión, un género que muy poco practican los comunicadores sociales de las medianas y nuevas generaciones, fue mi inicio en una digna profesión.
Este 7 de septiembre de 2010, a pesar de las múltiples dificultades del país, a pesar de los diversos personajes que merecen un homenaje, es necesario que estas líneas vayan dirigidas a mis 25 años en el diario El Informador, porque representan un cuarto de siglo que he dedicado a tantos temas del país y el mundo, los cuales han llegado para concienciar y formar a los lectores de un medio con alta demanda en la región y buen sentido de credibilidad en las diversas mentalidades.
En 25 años, un cuarto de siglo, sin duda alguna, el joven bachiller aprovechó la oportunidad del diario El Informador, y fue superando etapas hasta convertirse en el estudiante universitario que todavía escribía sus cuartillas en este diario larense. No menos importante, cuando ya logré un ansiado título profesional, debí dar gracias especiales a todas las oportunidades abiertas, manteniendo en primer lugar a estas páginas del diario El Informador, las cuales siempre llevo en mi mente y en mi corazón como un hombre adulto que ya cuenta con otro tipo de madurez para observar al país y al mundo.
Es importante destacar que siempre a mis alumnos o a mis colegas más jóvenes, cuando me preguntan sobre un verdadera expresión de “libertad de expresión o libertad de opinión periodística” en Venezuela, hay motivos que impulsan mi corazón a decir que existe el diario El Informador en Barquisimeto, medio que siempre ha respetado mis ideas, para así imprimirlas en sus páginas abiertas a la lectura de todos. Más allá, está la experiencia que transmito desde mi mente, siempre con suficiente honradez, para reflejar que el diario El Informador no se cierra a tendencias o a pensamientos, sino que es un medio impreso que se ha ganado el puesto del equilibrio comunicacional para que cada persona forme su criterio no sólo con la información diaria, sino con la opinión que también es parte de su contenido.
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