Edición del día MiĆ©rcoles
8 de febrero de 2012
03:30 en Barquisimeto
El sábado 28 de agosto tuve la agradable oportunidad de asistir a la brillante presentación de ‘Manuelote’, una hermosa obra de arte de carácter teatral, llena de magia y encanto, escrita por el dramaturgo venezolano César Rengifo, ofrecida por el Grupo Teatral Lara en el Auditorio Ambrosio Oropeza de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, la cual versa sobre el esclavo, Manuelote, quien a pesar de su condición de siervo, realza la dignidad revolucionaria de aquellos seres humanos sojuzgados por el imperio español de la época colonial. Dejado a cargo de la casa de su amo por haberse éste marchado a las filas del ejército independentista, no vacila en atenderlo cuando andando el tiempo éste regresa furtivamente y herido a su hogar. Había surgido para entonces una recompensa de cinco mil pesos prometida por su cabeza por el ejército realista, comandado por José Tomás Boves, el sanguinario.
En este cuadro comienza el dilema con la esposa de Manuelote que ve en la recompensa la posibilidad de comprar su libertad y cambiar su modus vivendi, cuya conducta es rechazada por el zambo, culminando la obra en tragedia cuando la mujer parte a denunciar al amo y Manuelote evocando su alta fidelidad, la asesina. En el desenlace, el amo herido tratando de huir se encuentra con Manuelote, a quien le recrimina por haberle delatado y éste le cuenta que su esposa iba a hacerlo, pero no llegó nunca.
Es una tragedia en la que la virtud de la fidelidad juega un papel trascendente, hasta tal punto que Manuelote termina incorporándose al movimiento independentista. Ciertamente, la presentación de esta obra, a mi modo de ver tuvo algo de mágico en la que el elenco representado por Toño Rivero, como Manuelote; Sonia Altuna, como Petrona; Ramón ‘Chino’ Colmenárez, como Roso; y Jaime Niño, como Don Martín, juegan un papel escénico único, donde la originalidad, la franqueza y la simplicidad del lenguaje, aunadas a las posturas, gestos y expresiones de sus rostros parecían trasladarnos a ese mundo de la época colonial, de esclavitud y de lucha que vivió nuestra patria durante las guerras de independencia. Sin duda, conjuntamente con ese sol que le ha dado luz a mi corazón por más de 30 años, Xiomara; con mi hijo Alejandro y mis hijas Roxibel y Rosbel, y los novios de éstas, Miguel y Rodrigo, respectivamente, las pasamos de maravilla.
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