Edición del día Viernes
10 de septiembre de 2010
02:54 en Barquisimeto
Martes 19 Enero 2010 - 06:14 El artesano se entrega por completo a la concepción de su obra. Unas veces cambia; otras, la mantiene igual, pero el último acabado que plasma en la pieza determina su razón de ser. No existen los conformismos, sólo la satisfacción de consolidar su pensamiento y compartirlo, como lo hicieron algunos creativos fieles a las Ferias Internacionales de Tintorero.
KARLA CASIQUE.- Desde que inició la programación de la Feria Artesanal de Lara a mediados de agosto de 2009, los organizadores decidieron integrar varias actividades novedosas en la semana de fiesta. Una de ellas se basó en los conversatorios que llevarían a cabo los creativos que están arraigados desde hace tiempo a Tintorero.
Jorge Cruz no tuvo ningún problema cuando le propusieron dedicar una hora para enseñar a un grupo de individuos, la forma de trabajar la madera con las técnicas adecuadas, pues en su opinión, se pueden obtener excelentes resultados, pero la mala calidad puede deteriorar "hasta lo más hermoso".
Es así como afirma que el cedro y la caoba, son los más indicados para trabajar. Y en su caso poco particular (traslada sus muestras al extranjero), debe adquirirla en depósitos autorizados donde se constate la procedencia y legalidad del material.
Una experiencia de vida que hoy en día lo lleva al reconocimiento mundial por la admiración de sus obras, lo ha catapultado como el maestro artesanal de Venezuela, éxito que a su vez lo llevó a obtener tres medallas de la Unesco. Pero el triunfo no ha cambiado su norte: Sigue siendo el mismo artesano que hace 30 años emigró de Colombia y quedó impregnado de las bondades que le ofreció Venezuela.
Su afecto por Tintorero va más allá, él no se atreve a negarle nada de lo que esta tierra le pida. Fue allí donde nació con el arte y su apellido se dio a conocer: "Le agradezco mucho a este lugar y siempre vengo. Cuando la pisé por primera vez me dije ‘en este peladero de chivos, moriré", manifiesta.
Enseñanza plena
El trabajo manual es la vida de Jorge Cruz. Ahora su temática está orientada a las imágenes religiosas como vírgenes y Cristo. El hombre apasionado por el arte de Miguel ángel, aclara que su estilo de caras alargadas y relieves, lo caracteriza dentro y fuera del país. Han pagado más de 5.000 dólares por una de sus obras.
Ahora, el sencillo artesano que el año pasado no contó con un espacio personalizado para la feria, está sumergido en Tintorero. Su experiencia lograda con el aprendizaje de nuevas técnicas junto a varios artistas extranjeros, ha complementado su potencial y es lo que trajo en un abanico para dárselo a quien lo necesite.
Él no es egoísta con lo que sabe, más bien está presto a orientar a las personas que se inician en este arte, mientras realmente aprovechen el momento y "tomen" consejo de las recomendaciones que les indique para que el resultado final sea mejor de lo que se espera.
Lo que sí le molestaría es que quieran imitar su estilo, pues "el cerebro humano tiene la capacidad de crear muchas cosas y el que se copie de los demás, es un mediocre". Por eso señala que una cosa se trata de explicar cómo ha desarrollado su labor y otra muy distinta, a que las personas copien su trabajo.
Incluso, refiere que el individuo está en la capacidad de elaborar sus propias herramientas, sin necesidad de comprar, como por ejemplo buscar una lima vieja, de las que ya no se usan, "se le saca punta, se afila y el artesano ya cuenta con un formón", dice.
Si la madera no se consigue, el artesano puede emplear una silla o moldear la cara de un niño en arcilla, la cubre con yeso y prepara un molde, que luego puede llenar con cemento blanco, "la pieza final se puede cubrir con crema de zapato y obtener una excelente figura", destaca.
Su lucha está encaminada a tener una escuela de arte. Quiere dejar un legado, brindar lo que sabe a los demás artesanos para que aporten un mayor valor a los trabajos que producen.
Próximo a volar
Jorge Cruz de maestro, pasará a estudiante. Desea aprender sobre la técnica que aplica Elpidio Collazo, artista que retrata aves talladas en madera. Este artesano asistió en una oportunidad a Valencia y no le dejaron participar en la exposición, ya que alegaron que "no aceptaban pájaros disecados". Para Cruz, los detalles de las plumas y de los ojos, son tan perfectos que "pueden confundirse con la realidad". Ya hizo una de prueba a pequeña escala, que le regaló a su mentor.
Las piezas que hace Jorge Cruz están caracterizadas por estar sobre una base plana de madera y presentar colores llamativos. Pero a parte de que el único relieve que sobresale se trata de las marcadas manos de la imagen, los ojos poseen un brillo que cautiva. Es su esposa Deisy, la encargada de dar el toque final a la obra, de brindar una expresión más viva a cada uno de los elementos que elabora, "ella posee el color del trópico, del caribe y lo traspasa a mis trabajos", indica.
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